"LIGIA PIRO: CONCIERTOS DELICIOSOS E INTIMISTAS
Ligia Piro Con Diego Schissi en piano, Pablo Motta en contrabajo y
Javier Martínez en batería. Los jueves, a las 21.30, en Clásica y Moderna,
Córdoba 892. Nuestra opinión: muy bueno.
¿Cuántos partos se pueden tener en forma casi simultánea? A Ligia Piro se
la ve radiante con su embarazo de seis meses, pero también con "hijos"
artísticos que se multiplicarán en estas semanas: acaba de editar un disco a
dúo con el trompetista Juan Cruz de Urquiza, proyecta lanzar en agosto un
álbum con los conciertos que brindó con su mamá, Susana Rinaldi, en el
teatro Maipo, y está realizando este ciclo todos los jueves de julio.
En todos los casos, datos que confirman que esta prolífica cantante (una de
las mejores de su generación) es muchísimo más que una intérprete de
standards. Y que su estado de gravidez seguramente influye en un show de
diseño tan lejano de la ingravidez artística: el juego de palabras no puede
disimular que Piro está haciendo unos conciertos deliciosos, intimistas, al
frente de un trío con el que se entiende de maravillas.
El comienzo, con una "Can´t Buy Me Love" en la que Los Beatles tienen
relaciones carnales con el swing, pareció una declaración de principios. Y
con un standard como "Angel Eyes", la tradición saltó por los aires no sólo
por la sugerente voz de Piro, sino, además, por el inflamable solo del
pianista Diego Schissi, quizá la clave menos explícita de estas
presentaciones, pero decisiva por su lirismo, su creatividad. Desde allí
hubo espacio para la bossa nova, con una conmovedora versión de "Eu sei que
vou te amar" y una efervescente "O pato". Y Schissi y sus compañeros Pablo
Motta y Javier Martínez aportaron imaginación para sacar lo mejor de una
zamba inmejorable como "Juan Panadero", del Cuchi Leguizamón.
Profundizó el clima emotivo una bellísima interpretación de "Barro tal vez",
de Luis Alberto Spinetta, a ritmo jazzeado, y dos impecables versiones de
"Summertime" y "Embraceable You". Piro terminó iluminando el colmado salón
con el brillo de canciones latinoamericanas que escuchaba en su infancia
como el vals venezolano "El monigote", "El Negro Bembón" y "La llorona". Y
el final, con "Cry Me a River", dejó al público con la sensación más
parecida a la felicidad en sus oídos.
Ricardo Carpena
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